¿Te imaginas estar en un estudio de radio, con la música dale que te dale todo el tiempo, y sin poder concentrarte en nada? Medio complicado sería, no podría escuchar ni mis propios pensamientos. Pero no me quejaría, estaría en un estudio de radio...
Y ese semblante que permanece quieto, inmóvil frente a uno, cuando la desesperanza no es más que un hecho real y atemorizante. Hay que tener coraje frente a todos los aspectos de la vida, pero ¿quién nos asegura que seremos capaces de hacerle frente a todo lo que nos pueda pasar?
Tal vez no todos esten preparados para el gran salto, no siempre es bueno tener el corazón muy roto y sin ganas de intentar de nuevo, pero siempre hay que prevalecer. Siendo siempre como un fénix, uno tiene que renacer de unas viejas cenizas podridas. Sí, esas que se encuentran en el lugar más recóndito de tu parrilla y que estás a punto de tirar.
Esto seguramente no tiene sentido alguno, el de escribir sin destinatario, pero sé una verdad: alguien en este mundo tan grande y lleno de vida, tristeza, compasión y dolor, seguramente le va a encontrar algún uso útil a estas líneas incoherentes que sé muy bien que no lo son tanto.
Me despido con uno de esos viejos chaus.
Hasta luego.
(Escrito un jueves 9 de noviembre del año 2006)